“Te escucharé, sobre todo cuando estamos en desacuerdo” dijo Barack Obama. ¿En qué se basa el desacuerdo, en datos reales o en opiniones?

Ya tiene la respuesta, que me llamo Vincent y escribo un blog en castellano sobre el arte de la oratoria no me puede debatir nadie, pero que prefiero la montaña a la playa puede crear un desacuerdo.

Aprendí en las discusiones con mi esposa, Carina, que cuando mi opinión diverge de la suya, la suelo preguntar: “¿Quieres oír mi opinión? ” Algunas veces me dice que sí, y acepto que en otras no quiere saber lo que opino. Aprender a diferenciar entre hechos y opiniones no solo demuestra humildad, también es una condición básica de una coexistencia.

Prácticamente todos nuestras conversaciones  se basan en lo que opinamos, las elecciones, el nuevo gobierno, que deberíamos hacer para que nuestra empresa sea más competitiva.

El problema suele ser que nos identificamos con nuestras opiniones, las consideramos prácticamente hechos reales  y nos molesta si alguien discrepa. Nos enfadamos porque alguien tiene la sangre fría de discrepar, más aún en público y la consecuencia puede ser una confrontación.

Las opiniones se crean y se deben revisar, justamente gracias a los hechos reales nuestras opiniones deben ser cambiantes. Los historiadores, aunque evalúan hechos históricos discrepan con otros historiadores, porque les encanta discrepar.

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